Montserrat Caballe me ha dejado sin saber qué decir. Es una diva de la música, sí. Es una gran profesional, sí. Pero no me imaginaba que era una mujer con tanto carisma personal, una persona que disfruta de lo que hace al punto que logra transmitirlo en cada una de las notas que entona, en su diálogo con el público en lo que se siente en el escenario. Impresionante.

Sencilla, amable, risueña, divertida, brillante. Entre las cosas que le agradeceré a Zaragoza es la posibilidad de andar el Auditorio a sólo cinco minutos de casa y poder disfrutar de un espectáculo como el de ayer. La Gala Lírica fue uno de los eventos que se adelantan a los festejos del Día de Zaragoza en la Expo previsto para mañana.

La diva estaba como en casa (salvo por el aire acondicionado que le dio algún disgusto) acompañada por su hija Montserrat Martí y los tenores Alejandro Guerrero y Carlos Llabrés además del bajo Serghiy Mahera.

Cuando terminaron el programa se sentaron todos en el escenario, increíble (qué manera de arrepentirme de no haber llevado la cámara) e improvisaron un mini recital fuera de programa en el que incluso la gran soprano se animó a bailar un vals.

La fotografía la publica el Ayuntamiento de Zaragoza en esta dirección.