Las yubartas, llamadas también ballenas jorobadas, son conocidas por sus largos y complejos cantos (escucha .wav aquí), considerados por los biólogos como unos de los más complejos del reino animal.

(Si os ha gustado el canto anterior, aquí tenéis otros ejemplos: 1, 2. (Fuente: Scuba Delivery))

Las ballenas realizan sus cantos durante el período de celo, con el objeto de localizarse, atraerse entre sí a los puntos de reunión y seleccionar parejas. Durante días emiten largos patrones de notas graves con otras mucho más agudas, chasquidos y gorjeos que varían de amplitud y frecuencia, repitiendo secuencias coherentes y encajadas. Aunque sospechado desde hace tiempo, los investigadores han comprobado mediante un análisis matemático que las ballenas tienen su propia sintaxis, que usa unidades de sonido para construir frases cantadas que combinan para formar sus canciones. Un canto completo puede llegar a durar hasta treinta minutos. La ballena repite su mensaje sonoro una y otra vez, que gracias a sus frecuencias dominantes, entre 15 y 20 hercios, recorre grandes distancias en los océanos.

El canto de cada ballena es personal y evoluciona lentamente a lo largo de los años y nunca vuelve sobre una secuencia de notas ya cantada, incluso años después. Además, de cuando en cuando incorpora secuencias tonales oídas a otras ballenas en sus desplazamientos oceánicos. Por eso, las ballenas o grupos de ballenas que viven en una misma zona suelen tener cantos muy similares entre sí, con pequeñas variaciones personales, pero muy distintos de los de grupos de ballenas lejanas.

Que ¿por qué hablo hoy aquí del canto de las yubartas? Quizá porque ya es verano y echo de menos zambullirme en el mar y escuchar sus murmullos en sus fondos de roca y arena. Y el canto de las ballenas jorobadas es como un mantra primordial y envolvente que parece salir de las entrañas del océano, arrullando a todos los seres que pueblan sus aguas, incluidos nosotros.

En cualquier caso, disfrutad del verano y, si tenéis ocasión, tratad de impregnaros con el sonido profundo de la naturaleza: su rumor a la orilla de un río, su siseo desde lo alto de un acantilado, sus bufidos junto a un geyser, o sus crujidos en medio de un glaciar.

Escuchad y sentidla. Ya me diréis...

Alfonso Pardo