Alfonso Pardo
En el mundo académico se denomina Alma Mater -madre nutricia en latín- a la universidad donde uno se ha formado. A veces sucede -y desde mi punto de vista es la mejor elección que puede hacer alguien- que uno se ha formado en diferentes universidades, e incluso en diferentes paises. En estos casos se hace verdadera la universalidad de la formación universitaria cuyo espíritu primordial pretende romper las barreras de los paises, los idiomas y las escuelas de pensamientos. Pues cada uno de nosotros -los universitarios- tenemos el deber de alimentar nuestra curiosidad, no importa dónde nos lleve este fascinante viaje que es la búsqueda del conocimiento.
Y en este peregrinar de eternos estudiantes, algunos regresamos a nuestro lugar de origen, mientras otros decidimos continuar lejos de nuestro tierra, convertiendo en nuestro hogar allí dondequiera que dejemos "nuestro sombrero". Pero lo importante es seguir adelante, nutriendo la mente -y el espíritu- en aquellos lugares a los que nuestra búsqueda intelectual nos lleve.

En estos casos no somos hijos intelectuales de una sola universidad -insisto que nunca deberíamos serlo-, pero de alguna manera y aunque tengamos el corazón dividido, algo en nuestro interior nos indica nuestra pertenencia a un lugar, a una escuela de pensamiento, a una manera de hacer las cosas, a una manera de entender el conocimiento, y en fin, a una manera de ser intelectualmente.
Todo este largo circunloquio no es mas que para decir que hace unos días crucé el Atlántico y regresé a mi Alma Mater: la Universidad de Princeton.

Princeton es un pequeño pueblecito de Nueva Jersey (EE.UU.), cerca de ciudades como Nueva York o Filadelfia. Su universidad data de 1746 y es la cuarta universidad fundada en los Estados Unidos, y -debo de decir- una de las de mayor prestigio científico e intelectual. Pertenece a la liga de universidades de la Costa Este denominada Ivi League caracterizada por su excelencia académica y científica -y sus carísimas matrículas-.

El ambiente que se respira en su campus es muy diferente al tradicional ambiente universitario español. De hecho, toda la experiencia universitaria estadounidense es muy diferente, con los alumnos viviendo -literalmente- en el campus, a cientos -a veces miles- de kilómetros de sus hogares familiares, con las fraternidades estudiantiles como nuevos hogares adoptivos con sus complejos ritos iniciáticos, y toda una cultura muy alejada a nuestra forma de entender la vida.
La reflexión final de este post -que ya está siendo demasiado largo- es que me gustaría que con el paso de los años, estéis allí donde os lleven las procelosas aguas de la vida, vuestra universidad continúe brillando en vuestro horizonte mental como la estrella polar o la cruz del sur .
Si así fuese, sería la prueba de que vuestros profesores hicieron bien su labor.

Escudo y lema de Princeton University